Reconstrucción Parroquia San Vicente                                                             Volver al inicio de proyectos
Historia

 

 

Es el 15 de enero de 1579 cuando la orden de predicadores de Santo Domingo recibe facultad por el consell castellonense para fundar un convento,- de Santo Tomás de Aquino -, al sudeste de la ciudad, cerca del camino del mar. Muy pronto la zona será conocida popularmente como el Roser,- atendiendo a la gran devoción que los dominicos tenían sobre esta advocación, cuyo origen se atribuye a Santo Domingo, tras la aparición en Albi, alrededor de 1210, de la Virgen al santo -, y hasta que en 1593 alcanza el rango de priorato, las edificaciones que formaban el cenobio debieron ser pequeñas y de escaso relieve, pues la comunidad a la que servía no contaba más que con 6 religiosos. Poco después se iniciarán obras y ya en 1601 sabemos había ya capilla dedicada a San Vicente Ferrer, abriéndose al año siguiente un portal en las murallas de la villa para llegar mejor al “convent del roser”. El antiguo convento de Santo Tomás de Aquino. Según parece, las obras debieron detenerse y paralizarse, pues en 1616, con quince religiosos, se solicita ayuda al consell “.. de doscentes lliures per a pasar avant la obra de la església de dit convent …” y aún en 1634 continuaba construyéndose.

Las obras del templo, muy posiblemente, debieron finalizarse antes de 1648, dado que ese mismo año el maestro Juan Ibañez emprende la construcción del claustro adjunto, que finaliza en 1659, alrededor del cual se estructuraban las dependencias. El citado claustro,- único testimonio que se conserva en la actualidad, junto con el templo, de las dependencias del convento - sigue el modelo establecido en el Colegio del Patriarca de Valencia, presentando columnas toscanas sobre alto pedestal en el piso bajo, que se unen mediante arcos de medio punto y pequeñas columnas del mismo tipo descansadas sobre la cornisa en el piso superior.

 
Proyecto

 

La Excma. Diputació de Castelló, a través de la estrecha colaboración entre el Servicio de Conservación y Restauración de Bienes Culturales y el Servicio de Arquitectura, ambos pertenecientes a dicha corporación, comenzaron el día 2 de diciembre, en una primera fase, la intervención de la Parroquia de San Vicente Ferrer en Castellón. Cabe señalar que estos trabajos se centrarán en la recuperación de los esgrafiados, pinturas murales y altares; así como la renovación del pavimento e iluminación de las tres primeras capillas del lado del Evangelio que corresponden a la Capilla del Bautismo, San José y Sto. Domingo, respectivamente, y así como la que será destinada a Capilla Penitencial o de Sta. María Magdalena en el lado de la Epístola. De este importante conjunto destacan los notables esgrafiados por su relevancia, que fueron realizados poco después de 1654 siguiendo las pautas establecidas por el maestro Juan Ibáñez, concentrándose en los paños de las bóvedas y en los cuatro lunetos de la parte superior de los muros, cubriendo también las paredes remarcando unos espacios rectangulares, que probablemente debieron estar destinados a pinturas. Estas decoraciones siguen una composición seriada común de motivos vegetales, distinta en cada una de ellas. Están limitadas por un estrecha franja lisa que se adapta a las formas arquitectónicas. La técnica de realización consiste en la aplicación de una capa de mortero teñido de color gris pardo, a fin de resaltar los perfiles del ornamento superpuesto realizado en yeso blanco. Este tipo de ornamentación se emplea desde la Antigüedad, y es en el Renacimiento cuando volverá a utilizarse como complemento arquitectónico, imitando las decoraciones clásicas. Pero será en la segunda mitad del siglo XVII cuando alcaza su desarrollo en la Comunidad Valenciana.

Convento

 

La iglesia, por su parte, anterior y bello ejemplo de arquitectura con soluciones tardogóticas, pero acorde con la nueva ornamentación purista de severos alzados que valora una arquitectura desornamentada de volúmenes netos, es de ancha nave, de cinco tramos, presbiterio y atrio de acceso, con capillas laterales entre los contrafuertes. De austero alzado, con pilastras adosadas de orden dorico-romano de fuste acanalado, arcos formeros de medio punto decorados con puntas de clavo y complicadas bóvedas de crucería estrelladas, destaca la curiosa venera con rosetas formando "casettoni" que cubre el presbiterio, en solución semejante a la que vemos en la iglesia del convento de agustinas de San Martín de Segorbe,- 1622-, y que encontramos también en la iglesia parroquial de Rubielos de Mora -, donde trabaja el maestro Pedro del Sol, colaborador de Joan Tell, quien se documenta en Castellón entre 1604-17 y a quien podemos acercar la autoría del templo de los dominicos. Finalizadas las obras de la iglesia se iniciaría rápidamente la ornamentación y decoración de altares, retablos y pinturas. Así, en 1651 el escultor valenciano Antonio López tallaba el retablo para la capilla de San Vicente Ferrer y poco después de 1654 se haría el esgrafiado ornamental que aún podemos ver en algunas capillas, siguiendo pautas establecidas por el citado Juan Ibáñez, a quien debe atribuírsele también la pequeña estancia cupulada que pudo ser antigua sacristía a los pies del templo. Algo más tarde Jerónimo Jacinto de Espinosa realizaba las pinturas del altar de la capilla de Santo Domingo en Soriano. En la última década del siglo, hacia 1690 se inician las obras de construcción de la capilla del Rosario,- existía ya allí cofradía del Rosario desde 1669 -. Capilla que posteriormente, en 1704 decoraba con pinturas murales al fresco Eugenio Guilló.

Desamortización

 

Posteriormente, en 1811, durante la guerra de la independencia, fue abandonado por la comunidad y convertido en cantera por los soldados franceses que buscaron en él los materiales necesarios para llevar a cabo las diversas obras que emprendieron durante su asentamiento en la ciudad. Vuelta la comunidad en 1814, poco después se verá afectada por los decretos de desamortización, por lo que será suprimida, siendo en 24 de junio de 1835 convertido el convento en Casa de Beneficencia, pasando por decreto de 26 de julio de 1842 a ser cedido, por la Junta de Bienes Nacionales al Ayuntamiento. Posteriormente, por R.O. de 2 de septiembre de 1859 es convertido en Casa Provincial de Beneficencia, asumiendo entonces la Diputación la propiedad del inmueble y levantándose poco después una nueva fachada, según proyecto de Manuel Montesinos Arlandis.
Ferrán Olucha Montins.

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